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lunes, julio 23, 2007

¿Es sensato y razonable votar por el PAN? por Otto Granados Roldán

En el ejercicio de combinar las tareas académicas del análisis y el razonamiento de los hechos políticos y la simpatía (quizá militancia) por el PRI, el ex gobernador Otto Granados vuelve a poner en tela de juicio el desempeño de los gobiernos panistas en Aguascalientes.
Lo hace en su habitual columna que se publica en El Heraldo de Aguascalientes, espacio en el que califica a los panistas como acomplejados y resentidos, resalta los pleitos entre los grupúsculos blanquiazules y remarca el tobogán estadístico en que se desliza el estado desde que lo gobiernan los panistas.
De igual forma, Otto señala que los panistas nunca han podido integrarse en las élites locales, de lo que se puede deducir que siguen siendo políticos de segunda, indignos de codearse con la clase política que perdió el poder político y conservó el poder económico.
Otto usa los números para argumentar, algo que muy pocos panistas podrán hacer para rebatirle, pues el blanquiazul no goza entre sus filas de gente afecta a debatir con la pluma y la calculadora enla mano.
Enseguida, el texto de Granados Roldán:

Cuando hace doce años el PAN ganó por primera vez la alcaldía y una mayoría relativa del Congreso local, estuvo más o menos claro que era una decisión de la ciudadanía motivada por la crisis económica de 1994-95, los escándalos de la época y el cansancio con un régimen de larga duración. Los panistas eran entonces, en general, una cohorte de personas de clase media modesta, con escasa educación formal, poco exitosos profesionalmente, aldeanos, conservadores, notablemente acomplejados y muy resentidos con esa otra parte de la población que, en especial los priistas, simbolizaban el lado moderno y abierto de Aguascalientes. Aunque llevan doce años gobernando la ciudad capital y nueve el estado, el tejido psicológico de los panistas no ha cambiado gran cosa y esto es más que evidente cuando se observa la lista de quienes son hoy sus candidatos a diversos puestos de elección popular para los comicios del 5 de agosto: vulgares e ineptos.

Si bien es comprensible que la mayoría de nominaciones panistas responda al patrón descrito -con muy pocas excepciones--, también lo es que la ciudadanía razonablemente consciente trate de decidir su voto a partir de las variables con las que normalmente todos elegimos cualquier otra cosa -comprar, escoger una escuela para los hijos, hacer un viaje o adquirir un auto- de suerte tal que dicha preferencia empate con una cierta lógica, con una reflexión consciente, informada e inteligente de lo que más le conviene al estado y a la ciudad en la que viven las familias, los amigos y la gente que le importa al ciudadano. En pocas palabras: se supone que los ciudadanos de Aguascalientes, que presumen de ser de un nivel intelectual, social y personal un poco mayor que el de otras partes (a veces muy dudoso, ciertamente), deben configurar su voto a partir de informaciones razonadas y objetivas que los conduzcan al mejor camino.

En esa lógica, las preguntas fundamentales que todo votante debiera hacerse son dos: a) ¿Los gobiernos panistas la han hecho mejor que los del PRI?, y b) ¿Quiénes de los actuales candidatos pueden hacer un gobierno más competente y eficiente y una oposición más correcta en el Congreso del Estado de suerte que equilibre los excesos de las autoridades? Estos son los temas de fondo. Vayamos por partes.

¿Los gobiernos del PAN han sido mejores que los del PRI? Las evidencias estadísticas dicen que no y los ejemplos son abundantes, verificables y contundentes.

De acuerdo con los informes más recientes del ITESM, el INEGI y la SEP así como diversas encuestas, análisis y datos duros, las cosas se perciben francamente desastrosas:

En los últimos años Aguascalientes descendió notablemente en índice general de competitividad del lugar número 2 en 1999 al 9 en la actualidad.

En la "eficiencia de los negocios" se fue del 7 al 21

En "eficiencia gubernamental" descendió del 1 en 1999 al 3 en 2006

La economía de Aguascalientes creció apenas 2.9 por ciento en los seis años anteriores y está en el lugar número 13.

El ingreso per cápita tuvo un desempeño incluso más bajo: creció 0.95% anual y el estado quedó en el sitio 17

La inversión pública decreció a una tasa de 17.14% anual, lo que pone a Aguascalientes en el lugar 28.

En el gasto en obra pública por habitante quedó en el sitio 21.

En 2005 (último dato) la participación de Aguascalientes en la atracción de inversión extranjera era de apenas 0.43% en el total nacional y estaba en el # 17 por debajo de Nayarit, Jalisco, Guanajuato o SLP.

En el Indice de Corrupción y Buen Gobierno 2005, en cuyo equivalente de 1998 dicho estado se ubicaba en primer lugar como la entidad con mejores prácticas éticas; ahora se sitúa en el 8º lugar.

En productividad laboral Aguascalientes ocupó el lugar 22.

Mientras que en cada uno de 15 estados hay entre 100 y 447 establecimientos certificados con ISO 9000 por cada 100 mil habitantes, en Aguascalientes solo llegan a 91.

Mientras que en once estados hay entre 11 y 20 empresas registradas en el comercio exterior por cada mil empresas, en Aguascalientes son tan solo 8.

En 2006 Aguascalientes estaba en el lugar nacional 32, o sea: el último, en número de empresas creadas con inversión extranjera.

En tasa de escolaridad Aguascalientes anda en el décimo lugar nacional.

En tasa bruta de cobertura en preescolar ocupa el lugar 25 a nivel nacional y en secundaria el 16.

En las pruebas EXCALE los estudiantes de Aguascalientes se quedaron entre el 8º y 13º lugares en matemáticas y español.

En "calidad de vida" la ciudad de Aguascalientes bajó del primer lugar en 2001 al 4º en 2007.

En consumo de drogas ilegales, según la encuesta de la SEP y el Instituto Nacional de Psiquiatría, los estudiantes de bachillerato en Aguascalientes quedaron en primer lugar.

La segunda cuestión -los candidatos- es aun más alarmante. El PAN en Aguascalientes ha gobernado, por un lado, con niveles de incompetencia y de ineficiencia nunca antes vistos y, por otro, como una auténtica pandilla. Como la gran mayoría de quienes han estado en los cargos públicos en estos doce años, los panistas provenían de una corriente compuesta básicamente por gente que había mostrado poco lustre en sus actividades previas, propensos a concebir al gobierno y al Congreso como una fuente de recursos, es decir, un botín, que les permitiera restituir lo que la vida les había negado --reconocimiento social, dinero, influencia-- de tal manera que, en muy pocos años, pasaron del anonimato a la satrapía aunque con tan mala fortuna que, ello no obstante, jamás han pasado a formar parte de lo que podrían llamarse las élites locales. Dicho resentimiento, aunado a su propia inexperiencia y a su ignorancia, dio como resultado que lo que menos les importase fuera hacer gobiernos exitosos porque no era esta la función toral sino, simplemente, estar en los cargos y disfrutar del oropel respectivo. No es inapropiado decir, por ejemplo, que cuando ganaron por vez primera la alcaldía, en 1995, un panista histórico local afirmara que la intención de su partido era "robar, al menos, 71 años".

Y el otro problema central es que, como sucede con las mafias, el gobernar se ha entendido esencialmente como una disputa por el poder económico. Ello explica, por ejemplo, la encarnizada batalla orquestada por el primer gobernador panista; por su empleado, el actual alcalde de la capital, y por el candidato del PAN al municipio de Aguascalientes, en contra del gobernador o la lucha fratricida que desde el congreso ha sostenido estos años una parte de la bancada gobernante para tratar de humillar al que, teóricamente, es su jefe político, en demérito de la eficiencia del gobierno, del avance del estado y del sentido común.

Cuando se examina de cerca este mapa, la conclusión es obvia y única: no hay una sola razón sensata, inteligente o eficaz para votar por los candidatos del PAN. Con una o dos excepciones, la planilla está compuesta justamente con lo peor de los panistas, esto es, con aquellos que ni siquiera en los tiempos del PRI se habrían integrado en una propuesta medianamente aceptable.

Por tanto: ¿por quién votar? Lo veremos en una próxima colaboración.


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domingo, julio 01, 2007

Las malas cuentas del PAN en el municipio por Otto Granados Roldán

Hasta hace unos años, tanto los aguascalentenses por nacimiento como los inmigrantes hemos mirado tradicionalmente a nuestra ciudad capital como un paisaje bucólico en el cual todas las pinceladas arrojaban casi una tarjeta postal cuya esencia era el lema de la tierra y la gente buenas. En la medida en que otras capitales se fueron deteriorando y la calidad de vida decreció notablemente, el caso de Aguascalientes sobresalió gracias al tamaño del estado, las facilidades de la comunicación terrestre, la relativa homogeneidad étnica y gracias también a que sus gobiernos, en especial desde principios de los ochenta hasta finales de los noventa, mantuvieron una continuidad básica en la aplicación de políticas públicas efectivas.

Con la alternancia de los últimos doce años las cosas fueron modificándose –y para mal, de acuerdo ya casi con todos los reportes y evidencias disponibles– no tanto por el cambio político mismo sino principalmente por la incompetencia de quienes llegaron al relevo gubernamental. En la gran mayoría de los casos, la incapacidad profesional, la falta de preparación académica, la excesiva ambición monetaria y la marcada propensión a entender y ejercer el poder como botín provocó que la acción de gobierno se caracterizara por una elevada ineficiencia, la cual, a su vez, explica que algo huela a podrido en la ciudad y obliga, desde luego, a que las autoridades informen a la comunidad qué es lo que han hecho todos estos años –o dejado de hacer– como para que los resultados sean tan mediocres.

La muestra más reciente la ha ofrecido un diario de la ciudad de México. El domingo pasado, Reforma divulgó su tercera encuesta sobre calidad de vida en las 36 principales ciudades mexicanas con más de 150 mil habitantes. Se trata de un ejercicio que desde el año 2001 evalúa la opinión de la gente sobre 21 aspectos e indica dónde se está bien, dónde regular y dónde francamente mal. En principio, las noticias para el municipio de Aguascalientes son preocupantes. Veamos.

En 2001 Aguascalientes resultó la ciudad con mejor calidad de vida, pero en 2003 cayó al segundo lugar y ahora, en 2007, al cuarto. De las 36 ciudades incluidas, 32 subieron y sólo 4 bajaron en el índice: Durango, Morelia, Tijuana y, por supuesto, Aguascalientes.

Si bien es cierto, como se muestra en el cuadro siguiente, que solamente en un factor –infraestructura urbana– aparece la ciudad en primer lugar nacional (y muy considerablemente debido a la enorme inversión pública y a la planeación que hicieron otros gobiernos estatales y municipales), y que en otros cuatro como servicios públicos, entretenimiento, actividades culturales y transporte público, está entre la 2º y la 5º mejor calificadas, en otros 16 renglones la posición de la capital del estado está por debajo de ciudades que hace pocos años no pintaban como Colima, Mérida, Culiacán, e incluso, Juárez y Pachuca.



Si se analiza bien esta información, el lector podrá darse cuenta de que hay fenómenos que son señales de alerta. Por una parte, se sabe ya que hay un problema de seguridad pública, donde Aguascalientes se ubica en el 8º lugar, y en oportunidades de empleo, donde salimos en el 12º sitio, pero lo interesante es que este par de indicadores ayudan a comprender otros datos novedosos –para mal– en el municipio. Por ejemplo, en servicios de salud caímos al 8º lugar; en oportunidades de vivienda al 8º y en el factor que mide la opinión que tenemos acerca de la comunidad y de los vecinos, es decir qué tan buena opinión tenemos acerca de los demás, bajamos al lugar número 14, lo que implica una pérdida seria de confianza social e interpersonal. Como lo han demostrado muchos estudios en el mundo el debilitamiento de las redes de confianza es uno de los signos más evidentes de daño de una ciudad, estado o país.

Y el otro dato sintomático es aún peor: Aguascalientes es la 7ª ciudad en la república con mayor nivel de estrés: casi el 20 % de la población local confiesa que todos los días se siente estresada, un porcentaje más alto que en Tijuana, Toluca, Culiacán, o Juárez, es decir, en ciudades que se supone mucho más agitadas que la nuestra.

Por otra parte, el estudio arroja más variables donde la calificación es poco satisfactoria por decir lo menos. En calidad del aire en el lugar número 9; en abasto de bienes básicos, en el 8, y en instituciones educativas en el 8. Y como colofón, un dato que es central desde el punto de vista político: cuando se investigó acerca del nivel de calidad que según los ciudadanos tienen los gobiernos municipales, el de la ciudad de Aguascalientes salió en el lamentable lugar número 11 a nivel nacional, por debajo de Villahermosa, Colima, Mexicali, Tuxtla, Querétaro, Colima, Chihuahua, Xalapa, Veracruz y Saltillo.

Es verdad que, no obstante estos datos, algunas de la variables no son responsabilidad directa de las autoridades y que Aguascalientes sigue siendo todavía un lugar mejor que otros para vivir, pero el dilema crucial es que si antes estábamos en el primer lugar en muchos indicadores ¿por qué hemos caído en estudio tras estudio, reporte tras reporte, informe tras informe? Lo más grave es que en estos temas pasa lo mismo que con la economía: cuando no se tiene nada, cualquier avance y cualquier progreso son espectaculares, pero cuando se ha estado en el liderazgo nacional cualquier descenso y cualquier retroceso se perciben como una pérdida brutal que puede anticipar mayores daños.

Cuando se saben estas realidades y se comparan con las ofertas de campaña de los candidatos del partido gobernante –PAN– lo menos que puede decirse es que el nivel de cinismo se ha vuelto inadmisible y condenable. Aguascalientes tuvo en el pasado buenos alcaldes y aún está a tiempo de frenar la descomposición. Las elecciones sirven para eso: para elegir, pero también para ajustar cuentas. Los responsables municipales de estos años y sus candidatos están en la obligación política y moral de dar una explicación acerca de su ineficacia. Y los ciudadanos tienen todo el derecho de exigir responsabilidades y sancionarlos electoralmente como mejor les parezca. Al final del día, lo que está en juego es el presente y el futuro de una ciudad que, ahora, parece estar en riesgo.
Fuente: El Heraldo de Aguascalientes, columnas Otto Granados

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lunes, junio 25, 2007

El ex gobernador Otto Granados se incorporó a la campaña de Gabriel Arellano

Ex-gobernador priísta OGR se sumó ya a la campaña de Gabriel Arellano
El ex-gobernador Otto Granados Roldán se sumó ayer a la campaña por la presidencia municipal de Aguascalientes de Gabriel Arellano Espinosa, y dijo que ya es tiempo de que la alternancia en la presidencia municipal, le aporte un beneficio a los aguascalentenses.
En plena talacha política y haciendo proselitismo en favor del candidato del PRI a la alcaldía citadina, el ex-mandatario advirtió que es momento de que los ciudadanos decidan por un nuevo gobierno para la ciudad, pues los panistas ya tuvieron su oportunidad y demostraron ser ineficientes. Además, afirmó que la alternancia es saludable para la democracia y por lo tanto ya es tiempo de que en la alcaldía de la capital se dé una nueva alternancia. Ante todo, dijo, es tiempo de que Aguascalientes recupere los índices de bienestar y desarrollo que lo distinguió a nivel nacional hasta hace algunos lustros.
Como un simpatizante priísta más, Granados Roldán se incorporó a las actividades de proselitismo del abanderado del PRI a la alcaldía citadina, y en el tianguis de la colonia Estrella repartió volantes y propaganda que contiene la propuesta de Arellano Espinosa por una mayor seguridad, empleos y servicios de calidad.
Vestido de mezclilla y con una playera roja, quien fuera gobernador del Estado entre 1992 y 1998, se sumó a la talacha política por el triunfo priísta en la capital, repartió pulseras y promocionales de Gabriel Arellano e invitó a los ciudadanos a votar por la alternancia en el poder público. Es tiempo de que los ciudadanos decidan por un nuevo gobierno para la ciudad, pues los panistas ya tuvieron su oportunidad y demostraron ser ineficientes.
El ex-mandatario invitó a los ciudadanos a votar también por Fernando Palomino, candidato a diputado por el XII distrito, y dijo que los ciudadanos saben el valor de su voto, y por lo tanto saben que en sus manos está elegir o no elegir a determinados candidatos. Granados Roldán, en cuya administración Aguascalientes registró los más elevados índices de bienestar y desarrollo para sus habitantes, con opciones de empleo, educación, salud y otros servicios, se pronunció por la alternancia porque es muy saludable para la democracia.
Más tarde, acompañó a Arellano Espinosa a un mitin en el Fraccionamiento Ojocaliente, donde el abanderado tricolor recibió el respaldo de centenares de ciudadanos. En este acto, también participó David Vallín Hernández, candidato a diputado por el XIII Distrito.
Fuente: Hidrocálido

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viernes, junio 15, 2007

Razones para no votar por el PAN, según Otto Granados Roldán

En su columna de El Heraldo de Aguascalientes, el ex gobernador y actual académico en el Tec de Monterrey, Campus Aguascalientes, Otto Granados Roldán expone sus razones, apoyadas por encuestas y estudios diversos, para no votar por el Partido Acción Nacional (PAN).
Textos como el de Granados Roldán vienen a darle un respiro a la atmósfera electoral hidrocálida tan contaminada por intercambios de desalificaciones sin argumentos.
Enseguida su texto:

¿Votar por el PAN? No, gracias

Otto Granados Roldán
El próximo 5 de agosto los aguascalentenses tendrán que votar, de nueva cuenta, a once alcaldes y a 27 diputados locales. Las elecciones intermedias suelen no llamar demasiado la atención, a menos que haya condiciones extraordinarias que propicien una alta participación, y si bien es cierto que los temas de la inseguridad y el desempleo han incentivado una preocupación elevada en la ciudadanía, como lo reflejan las encuestas, esta señal de alarma no parece ser todavía –equivocadamente– un motor suficiente que arroje una abundante asistencia a la urnas.

Al menos desde hace tres sexenios los resultados de este tipo de elección no han favorecido al partido gobernante en turno. Las razones son poco claras –con la excepción de 1995 que la crisis económica y los escándalos políticos y judiciales detonaron– pero podrían condensarse en una hipótesis: los electores quieren mandarle el mensaje a los gobernantes de que esperan de ellos una rectificación de aquellas cosas que no les gustan. 2007 podría quizá repetir el precedente.

Más allá de a quiénes elegir, que al final del día es la pregunta de fondo, cualquier elector sensato, inteligente y razonable difícilmente encontraría razones válidas para votar en esta ocasión por el PAN en las elecciones del próximo agosto. ¿Por qué? Veamos algunas evidencias disponibles y datos duros.

1. ¿El estado de ánimo de los aguascalentenses está mejor?

No. Todas las encuestas recientes muestran que los sentimientos de la ciudadanía han sufrido un deterioro en donde más les importa un buen desempeño gubernamental. El PAN lleva gobernando el estado y/o la capital 12 años y los indicadores de eficacia con que se debe medir a los gobiernos han empeorado. Por ejemplo, una encuesta levantada el 6 y 7 de junio en la ciudad de Aguascalientes revela que la percepción sobre la economía y la inseguridad es francamente mala. El 77% de los entrevistados opina que su situación económica es igual o peor que antes y un escandaloso 96% cree que la delincuencia ha aumentado, como se muestra en los siguientes cuadros:







2. ¿Aguascalientes es hoy más o menos competitivo que antes?

Mucho menos. Los informes recientes más rigurosos muestran que otras ciudades y estados –Querétaro o SLP, por ejemplo– han rebasado a Aguascalientes en sus niveles de crecimiento y competitividad. Uno de ellos, La Competitividad de los Estados Mexicanos. 2007 (México, EGAP/ITESM, febrero 2007, 503 pp.) señala que Aguascalientes descendió notablemente en la clasificación general del lugar número 2 que teníamos en 1999 al 9 en la actualidad. Como se observa en el Cuadro 4, el estado mantuvo cierta inercia positiva heredada del sexenio 1992-98, la cual duró unos tres años, y entre 2001 y 2006 se produjo una clara caída, mientras que muchos otros estados, como las dos Baja Californias, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y hasta Nayarit y Chiapas mejoraron su posición competitiva.



En buena medida, esto explica la falta de crecimiento. Por ejemplo, en el sexenio estatal 1998-2004, también del PAN, la economía de Aguascalientes creció apenas 2.9 por ciento anual para ubicarse en el lugar número 13. En cambio, Coahuila creció más de 5%, Tamaulipas casi 6%, Durango 4.7%, San Luis Potosí al 4 y medio, Zacatecas (por las remesas) 4.9% y hasta Chiapas creció 3.2%. Peor todavía: el ingreso per cápita tuvo un desempeño incluso más bajo en el estado: creció 0.95% anual y quedamos en el sitio 17, por debajo de Hidalgo, Durango, SLP, Michoacán, Campeche, Chiapas y otros estados tradicionalmente modestos. Lo alarmante no es sólo que no hayamos crecido sino que la diferencia entre los dos rubros –crecimiento versus ingreso personal– muestra una fuerte tendencia a la desigualdad.

3. ¿La educación está mejor ahora que antes?

No. De acuerdo con los datos oficiales del Panorama Educativo de México 2006 emitidos por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), Aguascalientes tiene una cobertura por debajo de la media nacional en preescolar, apenas del 62.7%, mientras que hubo estados que lograron tener más del 80% de cobertura. Esto nos aproxima a los estados que menos apoyaron este nivel, y en donde el más bajo apenas llegó al 57.6%. En secundaria Aguascalientes alcanza una cobertura del 78.3%; sin embargo hay estados que tienen ya el 100% de cobertura o están por alcanzarlo. Otro indicador es el porcentaje de población de entre 15 y 24 años de edad con educación básica: en Aguascalientes la proporción alcanza el 75.6%, lo que significa que uno de cada cuatro jóvenes en ese rango de edad aún no tiene acceso a los servicios básicos de educación. El Panorama Educativo también subraya el problema grave de la desnutrición en la escuela. Un dato: el porcentaje de alumnos de primero de primaria en estado de desnutrición para el caso de Aguascalientes es del 19%, es decir, de cada 100 niños que entran a la primaria casi 20 están desnutridos.

Más aún: la tasa de analfabetismo en población de 15 años y más, que en 2003 era de 3.5%, subió a 4% años después. Los años promedio de escolaridad apenas subieron un punto en ocho años (de 7.6 en 1998 a 8.6 en 2005) lo que coloca al estado en un mediocre décimo lugar en la tabla nacional; en el aprovechamiento en español y matemáticas de los estudiantes de primaria estamos en los lugares 12 y 9 respectivamente, lo que significa que entre un 13 y un 15 % de esos escolares están por debajo del nivel básico deseable. En secundaria las cosas parecen peor: en 2005 un 33.1% de los estudiantes aguascalentenses estaban por debajo del nivel básico en español, y un 45.5% en matemáticas. La noticia más dramática es que si un estado no es exitoso en la educación, no lo será en ninguna otra cosa.

4. ¿El empleo y el consumo vienen creciendo en Aguascalientes?

No. Las divisiones de estudios económicos de los principales bancos mexicanos, que siguen con detalle la evolución de cuestiones como el empleo o el consumo –indicadores que muestran si la gente tiene más o menos dinero para comprar bienes y servicios– reportan un claro estancamiento o retroceso incluso. El empleo formal, según los datos el IMSS, viene bajando, y, por tanto, también el consumo medido por las ventas al menudeo. Véanse con detalle los siguientes dos cuadros emitidos por Banamex. En el 5 hay un evidente quiebre a mediados del 2005 pues mientras la tasa anual de crecimiento en el país ha seguido ascendiendo, en Aguascalientes baja; y en el 6 se muestra cómo, a consecuencia del desempleo, las ventas igualmente descienden:





El círculo vicioso es sencillo de comprender: si no hay crecimiento no hay empleo; si no hay empleo no hay consumo; si no hay consumo no hay producción; si no hay producción no hay crecimiento. Así de claro.

5. ¿Los gobiernos del PAN son más o menos honestos que los otros?

Los estudios más confiables muestran que los niveles de corrupción han aumentado con los gobiernos del PAN. A nivel federal, el sexenio de Fox fue un auténtico desastre; Transparencia Internacional reporta que, en el primer gobierno del PAN, México cayó del lugar número 51 a nivel mundial al penoso ¡¡70!! Y a nivel estatal, el último gobierno del PRI, de acuerdo con el estudio del ITESM de 1999, dejó a Aguascalientes en primer lugar de prácticas éticas –incluso por encima de Chihuahua cuyo gobernador de entonces, Francisco Barrio, fue después nombrado contralor federal–, bajó luego al 3º en 2001, al 5º en 2003 y en 2005, según el Indice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno (el último divulgado), al 8º lugar, como se observa en el Cuadro 7:



6. ¿Cambiar o no cambiar?

Todas las experiencias internacionales muestran que la alternancia electoral es muy saludable periódicamente. Algunos argumentan que como el antiguo régimen duró tanto, no pasa nada si los actuales permanecen otro tanto. Esa afirmación es suicida en estos tiempos porque el mundo cambió y México también. La globalización, la revolución tecnológica, la competencia internacional y las exigencias educativas demandan que las ciudades, los estados y los países se muevan mucho más rápidamente y con toda eficacia. Hoy, doce años –los que lleva el PAN gobernando en Aguascalientes– son más que suficientes para demostrar si los gobernantes sirven o no, si saben o no, si son eficientes o no, si son capaces o no, si son preparados o no, si son competitivos o no.

Si, no obstante los datos, las pruebas y las evidencias, el elector quiere seguir tomando la misma medicina –a lo que tiene todo el derecho– pues entonces estará claro que no hay que cambiar de gobiernos sino de ciudadanos.
Fuente: El Heraldo de Aguascalientes

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